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Blog de Cafebrería El Péndulo

Librería reconocida como una de las 10 más hermosas del mundo por The Guardian.

5 autores que… se autopublicaron

Aunque ahora son grandes autores, reconocidos en todo el mundo, en un principio sus libros fueron rechazados por varios editores. Debido a esto decidieron invertir su dinero, en algunos casos incluso todos sus ahorros, en publicar sus obras. A la larga, fue el camino correcto.

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Marcel Proust. Con cientos de reediciones y traducciones a muchos idiomas, este autor francés financió con su propio dinero la publicación de Por el camino de Swann la primera parte de la famosa saga “En busca del tiempo perdido”. La había mandado a un par de editoriales, entre ellas la reconocida Editorial Galimard, pero fue rechazada por el propio Andre Gide. Al notar su error, Gide le mandó llamar para disculparse y publicar la segunda parte, subsanando así su falla. No hace falta decir que hubieran perdido de un genio en su catálogo.

Jane Austen. A los 35 años Austen llevó el manuscrito de su primera novela Orgullo y prejuicio a un editor. Éste aceptó publicarla sólo si ella pagaba el tiraje. Deseosa de ver su manuscrito convertido en libro aceptó el riesgo. La acabó firmando con el seudónimo “by a lady”, debido a que no quería que el nombre de su familia se viera comprometido. El libro tuvo un éxito que hizo que la autora ganara 140 libras esterlinas en poco tiempo, una gran cantidad para ese tiempo.

Virginia Woolf. A los 30 años Virginia se casó con el escritor Leonard Woolf, de quien le daría su apellido. El entendimiento entre ellos fue muy fuerte, no sólo en lo sentimental sino en lo literario, al grado de que colaboraron profesionalmente. En 1917 fundaron la editorial Hogarth Press. Bajo estesello salió la segunda novela de Virginia, Noche y día. Con el tiempo publicarían libros de Katherine Mansfield, T. S. Eliot y Sigmund Freud, entre muchos otros.

Edgar Allan Poe. A los 18 años el narrador estadounidense se publicó un poemario de 40 páginas llamado Tamerlan and Other Poems, que firmó con el seudónimo “Un bostoniano”. No usó su nombre debido a que con esto desafiaba a su padre adoptivo, quien no deseaba que se dedicara a la literatura. Tan sólo se imprimieron 50 copias en su primera tirada y no tuvo ninguna repercusión en la crítica. Con el tiempo, Poe se abocó a la narrativa y fue ahí donde pudo probar el éxito.

Lawrence Ferlinghetti. Es un poeta y pintor que fundó, junto a Peter D. Martin, la librería y editorial City Lights. Con este creó, sin saberlo, uno de los puntos culturales más importantes de la geografía norteamericana. Ferllinghetti fue editor de Allen Ginsberg y de una camada poetas que se acabaron llamado beats. Sus primeras obras salieron bajo su propio sello y poco a poco fueron cobrando relevancia en el mundo poético norteamericano. Su libro, Poemas de San Francisco ahora es parte de la afamada Library of America.

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Cinco libros que esperan en la mesa de… Alberto Chimal.

Alberto Chimal es un prolífico escritor mexicano que divide su trabajo en la difusión de lo que él llama “literatura de la imaginación” y la creación de su propia obra. Administra el portal Las historias  Ha publicado la novela La Torre y el jardín y Los esclavos, además de múltiples libros de cuentos, ya sea como autor o como antologador. Desde Festival de la Palabra en Lima, Perú, evento al que fue invitado, nos contestó vía electrónica cuáles son los libros que esperan en su mesa para leer.

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Tengo más de cinco libros esperándome en la mesa más cercana, pero los que están más arriba en el montón son éstos:

Raymond Queneau, Obras completas de Sally Mara (Blackie Books).  Queneau es del grupo de autores que más cercano me resulta: le importa más el juego, el placer de las palabras, que el éxito. Y aquí se inventa un heterónimo: una autora escocesa y (me dicen) muy deslenguada y cómica.

Roxana Miranda Rupailaf, Shumpall (Kütral451). Estoy en un festival literario en Perú, donde conocí a esta poeta chilena que escribe en español y mapuche. La escuché leer en vivo de este libro, y los poemas eran una incantación, dicha con ritmo constante y poderoso, en la que se unían lo mítico y lo erótico.

Scott McCloud, Reinventing Comics (Morrow). A McCloud, historietista y gran teórico del cómic, lo leí en los noventa con el volumen que antecede a éste: Understanding Comics. Aquí, según sé, quiso hablar de todo lo que puede ser la historieta en el siglo XXI. A ver si le hemos hecho caso.

Jane Bowles, Placeres sencillos (Anagrama). El único libro de cuentos de Jane Bowles, autora estadounidense “rara” y parca a la que suele mencionarse en relación con su marido. No lo haré aquí: quiero descubrir qué hay en sus textos que le ganó elogios de muchos de sus colegas durante el siglo XX. 

Hebe Uhart, Relatos reunidos (Alfaguara). Tengo que admitir que no he leído nada todavía de esta escritora argentina, a quien también conocí en Perú y es –además de una figura muy celebrada de su país– una mujer inteligentísima, capaz de un freestyling oral que ya quisieran personas con la mitad de sus años.

¿Por qué nos hacemos de libros a sabiendas de que probablemente no podamos terminarlos todos? No es “por estatus”, como a veces se dice (las élites de este país, en el fondo, odian la lectura) sino por algo más simple. Cada libro es una promesa: la de una experiencia que nos falta pero que tal vez llegaremos a tener. Una que hará crecer un poco los márgenes de nuestra vida. El fanático del equipo que siempre pierde (el Atlas, digamos) hace lo mismo: a falta de alicientes en la realidad, lo improbable o lo imposible le ayudan a justificar un poco su existencia.

De esta manera Alberto Chimal nos hace recordar que somos acumuladores de libros, es decir de promesas. ¿Cuál te dieron ganas de leer?

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Guía de lectura para… la novela gráfica

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De der. a izq. “Contrato con Dios”, “The Dark knight returns”, “Pyongyang”, “Maus” y “From Hell”

A grandes rasgos…

Aunque hay discrepancias, se considera que la primera novela gráfica de la historia fue Contrato con Dios del norteamericano Will Eisner, publicada en 1978. Lo que distingue a la publicación de Eisner de los cómics, es que ésta iba dirigida a un público adulto, alejándose de las tramas infantiles y juveniles que éstos privilegiaban, además de contar una historia oscura, filosófica y auto-conclusiva. Una novela gráfica, a diferencia de un recopilatorio de historias de cualquier tipo, requiere que los protagonistas crezcan. Este contraste puede ser ejemplificado con un mismo personaje: Batman. En la Saga Hush un comic– si bien el caballero oscuro está en constante peligro, sabemos que al final regresará al mismo estado del principio para iniciar otra aventura. Por el contrario, en The Dark Knight Returns de Frank Miller –una novela gráfica– esto no es así. Un anciano Batman se juega su vida y no podrá regresar al mismo punto donde comenzó.

 

Por dónde empezar: Pyongyang de Guy Delisle

El libro es la crónica la estancia del autor cuando fue invitado a Corea del norte a trabajar como supervisor de una empresa de animación. Una vez que la empresa quebró, pudo publicar sus impresiones sobre aquel tiempo, debido a que un contrato se lo impedía.

Con mucho humor y con un tanto de candidez, Delisle nos va contando el choque cultural que resulta de trabajar en el país más hermético del mundo. Cines que abren dos veces al año, una constante vigilancia, la prohibición de salir más allá de cierto punto y una ciudad que parece siempre vacía. Todo un mundo que parece ser irreal.

Si bien, muchos consideran que no es su mejor trabajo, es el que lo dio a conocer a nivel mundial. En este libro está todo su estilo, un humor socarrón, una mirada lo más cercano a la neutralidad y un dibujo sencillo, sin grandes aspavientos.

 

Con qué continuar: Maus de Art Spiegelman

Tomando su vida como base, el norteamericano Art Spiegelman decide contar la vida de su padre dentro de los campos de concentración tal cual él se lo va relatando. El resultado es un juego de historias en donde su progenitor se revela como un mal tipo, pero al mismo tiempo como una víctima de un sistema totalitario. Spiegelman va más allá al hacer un tipo de dibujo estilo infantil, en donde los nazis son gatos y los judíos ratones. Así, sin caer en el tremendismo, el autor nos revela parte de su día a día, la tacañería de su padre, de lo que sucedió una vez acabada la guerra con los supervivientes y  además, narra cómo fue haciendo la historia.

 

No se te vaya a ocurrir comenzar con… From hell de Alan Moore y Eddie Campbell

Esta novela gráfica, publicada originalmente en formato de fascículos, cuenta la historia de una conspiración en donde se ve envuelta la Corona inglesa, Jack El destripador y la policía. Moore es un revisionista de la historia de la Gran Bretaña, por eso no fue extraño que decidiera tomar una de las figuras más emblemáticas, JAck El destripador, para hacerle una novela gráfica. Con dibujo de Eddie Campbell, y neuróticos agregados al final de cada capítulo From Hell es un recorrido por la Inglaterra victoriana y por los deseos más profundos de la psique humana. Por ese grado de sordidez, por la densidad de los apartados históricos escritos por Moore, es mejor leerla cuando uno ya esté más acostumbrado con este género.

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De der. a izq. Will Eisner, Frank Miller, Art Spiegelman, Guy Delisle y Alan moore.

Cinco autores que… no ganaron el Nobel

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De der. a Izq: Tolstoi, Proust, Reyes, Kafka y Borges.

El Nobel de literatura siempre ha sido polémico, y es que la mecánica de selección es bastante opaca. Las decisiones de la Academia sueca han siempre tenido detractores y hay personajes que resuenan por haber muerto sin conocer nunca el reconocimiento de ese premio literario. A continuación les presentamos una breve lista de los nombres que muchos críticos y literatos aseguran que debieron haber ganado el Nobel.

Lev Tolstoi. Sin duda uno de los escritores rusos más trascendentales del siglo XX. En su obra, vasta y repleta de personajes memorables, buscaba mostrar que un solo hombre no lograba hacer cambios históricos, sino una variada sucesión de existencias individuales. Tolstoi, ahora se sabe, estuvo en la primera terna considerada por la Academia en 1901, sin embargo, el premio le fue otorgado al poeta francés Sully Prudhome. Tal vez su posición contra el Estado y la Iglesia fueron responsables de que, diez años después, muriera sin recibirlo.

Marcel Proust. Autor de las novelas que componen En busca del tiempo perdido, es para muchos un genio y uno de los autores más importantes del siglo XX. La Academia sueca lo contempló en una sola ocasión, pero nunca más fue incluido en la terna. Quizás su poco interés por cuestiones políticas y su posición económica privilegiada hayan sido los motivos por los cuales no fue tomado en cuenta.

Alfonso Reyes. Uno de los escritores mexicanos más influyentes en el mundo, amigo personal de Jorge Luis Borges y de Ortega y Gasset. Era un hombre universal, fue embajador, editor, narrador, poeta, ensayista y durante la primer a mitad del siglo XX un mentor para muchos escritores latinoamericanos como Octavio Paz y Adolfo Bioy Casares. Pese al trabajo de promoción que muchas organizaciones de escritores iberoamericanos hicieron a su favor, Reyes sólo fue un eterno candidato hasta su muerte en 1959.

Franz Kafka. Escudándose en la modificación de una regla para otorgar el premio Nobel Post mórtem, en 1931, la academia sueca explicó así que no podían dárselo a Franz Kafka por haber muerto antes de obtenerlo. Sin embargo, sí lo hicieron con su compatriota, el poeta Erik Karlfeldt. Kafka, escritor torturado, extraño y muy influyente en el siglo veinte, se fue de este mundo sin premios y sin saber la importancia que tomaría su obra, que no fue a la hoguera, como él pidiera en su testamento.

Jorge Luis Borges. Tal vez el fabulador por excelencia, fue un hombre que aprendió a leer primero en inglés debido a su madre, pero que manejaba con genialidad el español. Borges fue de los primeros latinoamericanos que llamaron la atención del cerrado mundo literario anglosajón. Una figura literaria que influyó en muchos autores y que nunca fue considerado seriamente para el Nobel. A su muerte, una gran cantidad de autores pusieron en duda el buen juicio de la Academia sueca.

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Guía de lectura para… la literatura de terror

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A grandes rasgos…

Si bien los relatos de terror han existido desde el principio de los tiempos, ya sea en forma de leyendas o como parábolas para asustar a los más jóvenes, es hasta el siglo XVIII que nace la novela gótica en Europa y con ella la novela que podríamos llamar de terror. Dos obras fueron nodales para este género: El castillo de Otranto de Horace Walpole (1764) y  El monje de Matthew Lewis (1796). En ellas se encuentra mucho de lo que posteriormente explotarían los autores de otras épocas: lugares tenebrosos, seres deformes, sueños, blasfemias y transgresión a las normas establecidas. Sería en el siglo XIX cuando las grandes obras llegarían: Carmilla de Sheridan Le Fanu, El corazón delator de Edgar Allan Poe, El Horla de Guy de Maupassant, Otra vuelta de tuerca de Henry James y La ventana de Saki.

Por dónde empezar:  El resplandor de Stephen King.

El resplandor es la actualización contemporánea de las casas embrujadas. No hay gran diferencia entre el Hotel Overlook y los castillos góticos de épocas anteriores. Sin embargo, la contribución de King radica en que hace un análisis bastante incisivo de la sociedad norteamericana, el alcoholismo y sus demonios. El propio autor pasaba por una gran crisis en la que consumía grandes cantidades de licor y se drogaba, como lo cuenta en su libro autobiográfico Mientras escribo. El resplandor es, así, la lucha de un hombre contra sus vicios encarnados en un hotel que quiere poseerlo para que acabe con su familia. La adaptación cinematográfica a cargo de Stanley Kubrick no fue del gusto de King y la sigue aborreciendo, sin embargo, película y libro se complementan haciéndonos ver por un lado la locura y por el otro la fuerza de las adicciones.

Con qué continuar… En las montañas de la locura de H. P. Lovecraft.

Edgar Allan Poe publicó Las aventuras de Arthur Gordon Pym en 1838. Lovecraft escribe en homenaje a Poe una continuación de ese libro llamada En las montañas de la locura, en 1936. Novela corta en donde un grupo de la universidad ficticia de Miskatonic se adentra en la Antártida buscando antiguos vestigios de vida, en donde se encontrarán con criaturas ancestrales que viven ahí desde hace eones. Esta historia ha tratado de ser adaptada al cine en repetidas ocasiones, pero parece estar maldita, ya que ha pasado por varias manos, entre ellas las de Guillermo del Toro y John Carpenter, sin llegar nunca a producción.

Esa novela se inscribe dentro de una gran saga llamada Los mitos Cthulhu, es decir un grupo de historias interconectadas a través de un libro ficticio conocido como Necronomicón. Un libro que no existe y que fue inventado por Lovecraft y un grupo de amigos que lo tomaron como su mentor. Con el tiempo Lovecraft y el universo inventado por él cobraron vida propia y muchos autores de varias latitudes han contribuido con historias propias.

No se te vaya a ocurrir comenzar con…

El Rito de Laird Barron, ya que por la complejidad de su trama y por los grandes saltos de tiempo que da muchos lectores se quedan sin entender la urdimbre fina que teje. Cada capítulo es como una especie de cuento que puede leerse independientemente, y que van del terror crudo a la fantasía oscura. Barron hace eco a muchas tradiciones literarias y puede resultar desconcertante para un lector poco conocedor del género. Aunque todos coinciden que la historia que sucede en México es la mejor parte de todo el libro.

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De der. a izq: Sheridan Le Fanu, Henry James, H.P: Lovecraft, Stephen King y Laird Barron.

 

Cinco libros que leer si te gusta… la novela histórica

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Si eres de las personas a las que le gusta conocer la historia mediante la ficción estamos seguros que te apasionan las grandes gestas de la Roma antigua, los desembarcos vikingos en tierra inhóspitas americanas y las vidas de ilustres personajes que desafiaron a su tiempo para dejar huella en la vida. Esta es una recopilación de cinco de las mejores novelas históricas que se han escritor. Como siempre, faltan muchas más.

Yo, Claudio, de Robert Graves.

Además de ser una gran novela es un suceso de ventas desde su publicación en los años treinta. Con muchas ediciones y traducciones es una forma muy accesible e informada de acercarse a la época de esplendor de la Roma antigua. Graves se basó en los escritos de Tácito, Plutarco y las Vidas de los doce césares de Suetonio. Fue tan perfeccionista que incluso tradujo al inglés esta última obra, por lo que nos encontramos no a un novelista promedio, sino un docto historiador que abreva de las fuentes originales para hacer un  gran fresco de la vida durante esas épocas. La novela está escrita en primera persona, de ahí el título. El césar, sabiendo que la muerte está cerca, hace un inventario de su vida en el que nos muestra a su familia y el entorno cercano a él. Centra su narración en la dinastía Julio-Claudia y el Imperio Romano desde el asesinato de Julio César hasta el ascenso de su sobrino Calígula.

 El Médico, de Noah Gordon.

Tomando como base hechos históricos reales, Gordon narra la historia de aprendizaje del humilde inglés Rob J. Cole, quien ve morir a su madre y decide aprender a curar a las personas para que no se repita la tragedia. Esta novela de maduración le sirve al autor para narrarnos las formas sanitarias que se ocupaban en el siglo XI en Europa, además de narrar con gran precisión gran parte de la vida cotidiana en Asia, contraponiendo ambos mundos. En la historia, Cole decide ir a buscar al árabe Ibn Sina, conocido como Avicena por su nombre latinizado, quien dirigía una de las primeras universidades hospitales del mundo en el medio oriente, bajo el resguardo del emir Shams ad-Dawla. Con esta novela Gordon se consagró y comenzó una saga muy exitosa.

Perfidia, de James Ellroy.

Aunque está relacionado directamente con la literatura policiaca, Ellroy sitúa sus historias en el pasado y siempre alrededor de su ciudad natal, Los Ángeles. Perfidia toma su nombre de un bolero mexicano muy de boga en los años cuarenta. El asesinato de una familia japonesa afincada en la costa oeste norteamericana le da pie para contarnos la locura prebélica luego del ataque a Pearl Harbor. Usando varios personajes, Ellroy teje una postal realista del ambiente en que vivía Estados Unidos antes de unirse oficialmente a la guerra. La novela echa mano de cientos de fuentes y de datos que nos hacen entender cómo el deseo de guerra debe alimentarse antes de iniciar cualquier conflicto.

La columna de hierro, de Taylor Caldwell.

Otro éxito de ventas y sin lugar a dudas la novela más conocida de la escritora inglesa afincada en Estados Unidos, Taylor Cadwell. Esta es una biografía novelada de Marco Tulio Cicerón, el gran abogado romano de los últimos tiempos de la República. El libro inicia poco antes de su nacimiento. Así, sabremos que fue educado como un patricio, sin serlo y también conoceremos a su protector, Julio César y a Lucio Sergio Catilina, su más grande enemigo. Pese a que muchos han desestimado la precisión histórica de esta novela, la historia se decanta más por un posicionamiento político: los peligros del totalitarismo. Dedicada en su momento al presidente norteamericano John F. Kennedy, la novela no ha perdido su vigencia y frescura.

Espartaco, de Howard Fast.

Novela clásica del género histórico que retoma el pasado para hablar del presente. Fast se centra en la rebelión de esclavos acontecida en la República Romana del siglo I antes de Cristo, encabezada por Espartaco para hacer una épica de la libertad personal, cuestionar la legitimidad del poder y los casos en que la violencia puede tener cabida para cuestionar un régimen. Fasta hace uso de su pluma para ir más allá de la precisión histórica y mostrarnos grandes personajes con una profundidad psicológica que muchas veces se hace a un lado en este tipo de libros.

Otras novelas históricas que merecen mención: Sajones, vikingos y normandos de Bernard Cornwell, Los pilares de la Tierra de Ken Follett , Sinuhé, el egipcio de Mika Waltari, La Última Legión de Valerio Massimo Manfredi y Corazón de piedra verde de Salvador de Madariaga.

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5 autores que… terminaron con su vida.

Muchas veces la genialidad y el buen estado anímico no se llevan bien, tal vez por eso varios autores decidieron quitarse la vida. Algunos fueron consumidos por la depresión y otros no soportaron saber que estaban enfermos. La siguiente es una lista de cinco de los más notables.

John Kennedy Toole. Se irá a la posteridad por ser el autor de La conjura de los necios, libro que han comparado con El Quijote por el enloquecido personaje principal. Cuando acabó de escribir su segunda novela, La biblia de neón, teniendo apenas 31 años y aún inédito, decidió acabar con su vida, sin saber que su obra se publicaría de manera póstuma. Ayudado por una manguera metió los gases tóxicos del escape de su auto al interior, para luego encerrarse dentro de él. Su obra se hubiera perdido de no ser por la insistencia de su madre, quien buscó editor para sus dos libros.

Yukio Mishima. Este autor clamaba por regresar al Japón la grandiosidad de su época feudal, por lo que convirtió su vida en un ejemplo a seguir. Forjó su cuerpo y su mente con gran esfuerzo, dejando grandes obras literarias como Nieve de primavera o Caballos desbocados, además de pulir su fortaleza física. Un día entró a un cuartel militar seguido de cuatro elementos del Tatenokai, un grupo de autodefensa nipón. Luego de arengar a los soldados cometió seppuku, un ritual samurái consistente en rajarse el vientre y sacarse las entrañas, para terminar siendo decapitado por un compañero suyo.

Horacio Quiroga. El maestro uruguayo del cuento corto llevó una vida cruzada por la tragedia. Su esposa también se suicidó y él, en un terrible accidente mató a un amigo con una pistola mientras la limpiaba. Tal vez por eso su famoso cuento La gallina degollada  es tan cruel. Cuando se enteró de que estaba enfermo de cáncer se bebió un vaso de cianuro acabando con su vida a los 58 años de edad.

Alfonsina Storni. La poeta argentina, autora de una gran obra poética reunida en varias antologías, también enferma de cáncer, decidió acabar con su vida tal y como lo había hecho su amigo y amante Horacio Quiroga. Aunque hay una versión romántica que dice que se fue hundiendo en el mar, en realidad se arrojó de las escolleras de un club deportivo en Mar del Plata.

Stefan Zweig. El famoso escritor austríaco, autor de Momentos estelares de la Humanidad y Fouche, entre muchos otros, tuvo que huir de su lugar natal debido al ascenso del nazismo. Fue de Viena a Suiza, luego a Alemania e Inglaterra, para finalmente llegar a América. Zweig se instaló por último en Brasil, donde veía cómo el régimen de Hitler prohibía sus libros y parecía avanzar sin detenerse. Deprimido por lo que pensaba era la inminente victoria de un régimen represivo como el nazi, su esposa y él decidieron envenenarse y acabar así con su peregrinar.

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De derecha a izquierda: Toole, Mishima, Quiroga, Storni y Zweig

 

Los 5 libros que esperan en la mesa de Bernardo Fernández BEF.

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Tsundoku es como llaman los japoneses a los libros que se apilan en casa, esperando ser leídos. De forma electrónica entrevistamos a Bernardo Fernández BEF, historietista, narrador, ganador de diversos premios, entre ellos Premio Nacional  de Novela Otra vuelta de tuerca, el Premio Grijalbo y el Premio Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón.

Le dijimos que nos contara qué libros se apilan en su mesa, listos para ser leídos, y esto fue lo que nos contó:



Por un puñado de balas; F. G. Haghenbeck

1.Por un puñado de balas de FG Haghenbeck (Océano). Hagh es uno de los mejores herederos de Chandler. Su detective beatnik/surfer/chicano Sunny Pascal protagoniza una de las más deliciosas series policiacas nacionales. En la tercera entrega de la serie, Luis Buñuel mismo manda matar a… Mejor léanla.

 

 

 

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2.Huesos de San Lorenzo de Vicente Alonso (Tusquets). Otra novela negrocriminal, ésta menos fácil de clasificar, delirante combinación de psiquiatras criminólogos, freaks de circo y hermanos gemelos. Alonso es una de las voces narrativas más vigorosas de los nacidos en los 70, y con este libro se aproxima indudablemente a la madurez.

 

 

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3.They Do the Same Thing Different There (ChiZine Publication) de Robert Sherman. Esta colección de cuentos me guiñó el ojo desde la mesa de novedades del Péndulo Roma. Compilación de cuentos fantásticos inclasificables escritos por un veterano guionista de televisión (al que no conocía). Con pequeñas joyas como “A Joke In Four Panels”, “72 Virgins” o “Luxembourg”, Shearman es heredero a partes iguales de RA Lafferty y Joe R. Lansdale.

 

 

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4.Cuadernos japoneses de Igort (Salamandra Graphic). El historietista italiano relata en esta memoir sobre su obsesión con Japón y los mangas, su paso como dibujante por este país, el inevitable shock cultural y la imposibilidad de asimilarse a la cultura nipona, todo divinamente ilustrado.

 

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5.The Osamu Tezuka Story de Toshio Ban, adaptado al inglés por Fredetick Schodt (Stone Bridge Press). Monumental biocómic sobre la vida de Osamu Tezuka, padre de los manga y el anime japoneses, creador de Astroboy y la Princesa Caballero, entre otras series. Ban fue su asistente y es capaz de imitar el estilo de Tezuka de manera sorprendente.

 

 

Menciones honoríficas: “The View from the Cheap Seats”, compilación de ensayos de Neil Gaiman y “The Big Book of Science Fiction”, faraónica antología mundial de cuentos de fantaciencia editado por Jeff y Ann Van Der Meer.

Como vemos, la mesa de BEF tiene una gran variedad de títulos orientados a lo policial y la ciencia ficción, como sus propias novelas.

Guía de lectura para… la novela policiaca.

A grandes rasgos…

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Artur Conan Doyle

El género policiaco tiene su origen en Edgar Allan Poe, quien escribió Los crímenes de la calle Morgue (1841) y presentó a su detective analítico Auguste Dupin. Luego le siguieron los ingleses Agatha Christie y Arthur Conan Doyle, quienes crearon a sus respectivos sabuesos: Hercules Poirot (1920) y Sherlock Holmes (1887).

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Agatha Christie

Posteriormente, en los años 40,  Raymond Chandler y Dashiell Hammett crearon al detective duro, de rápidas respuestas, que dominaría el género hasta nuestros días.
Han pasado muchos años desde aquellas novelas y detectives, y la novela policiaca se ha propagado por todo el mundo, adquiriendo nuevas y diversas expresiones de acuerdo con sus diferentes lugares de origen. Se ha convertido en uno de los géneros literarios más populares debido a su gran difusión en el cine y la televisión. Un par de ejemplos recientes de esto son
Perdida, la exitosa película de David Fincher, o Wallander, la popular serie de la BBC. La primera basada en la novela homónima de Gillian Flynn y la otra en las novelas creadas por el sueco Henning Mankell.

Por dónde empezar: El sueño eterno de Raymond Chandler.

En El sueño eterno aparece por primera vez Phillip Marlowe, el melancólico e impasible detective creado por Chandler. Alejado de la crudeza de otros detectives de la época, Marlowe es en realidad un caballero andante, un tipo que valora más su deseo de justicia a los fines monetarios. Es este desapego lo que lo vuelve encantador, además de sus respuestas rápidas y su humor sarcástico.

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Raymond Chandler

Como ejemplo de esto su propia presentación en la novela: “Trabajé en una ocasión como investigador para el señor Wilde, el fiscal del distrito. Su investigador jefe, un individuo llamado Bernie Ohls, me llamó y me dijo que quería usted verme. Me despidieron. Por insubordinación. Consigo notas muy altas en materia de insubordinación, mi general”.
Raymond Chandler decía de sí mismo que “tomó un género popular y le dio relevancia”. Chandler era dueño un humor ácido, de diálogos cortantes y situaciones disparatadas. Mientras filmaban la película de esta novela, le habló Howard Hawks y le preguntó quién había matado al chofer. Chandler le contestó: “que me condenen si lo sé”.

Con qué continuar…

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Henning Mankell

La siguiente parada debe ser con el sueco Henning Mankell, quien escribiera algunas de sus mejores obras asabiendas de que estaba muriendo de cáncer. En Asesinos sin rostro, el primer caso de Kurt Wallander, muestra todo por lo cual se volvería un autor de éxito en todo el mundo. Su detective era frágil y obsesivo, además, reflejaba muy bien la situación de violencia en un país que presumía de su estabilidad. Sin embargo, lo que cautivó a sus lectores fue difícil relación con su padre, el conflictivo día a día con su hija y sus conflictos morales con los crímenes que debía resolver.

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Don Winslow

Los Estados Unidos son una parada obligada si de autores policiacos se trata. Don Winslow con su trilogía de novelas dedicadas al narco, Salvajes, El poder del perro y El Cartel, se ha vuelto punto de referencia. Sus historias son ágiles, no dan tregua y aluden a personajes reales.

No se te vaya a ocurrir comenzar con…

Definitivamente Vicio propio de Thomas Pynchon. Aunque la trama parece sencilla: un detective privado llamado Doc Sportello vive en la ciudad de Los Ángeles de finales de los años sesenta, y es contratado por Shasta, una femme fatale en toda regla, para buscar a un millonario, quien es su amante. Pero la narrativa se complica debido a sus digresiones, a los enloquecidos personajes y su inevitable paranoia. Todas las novelas de Pynchon son en sí, un reto.

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Edición original de Vicio propio

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