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Muchas veces la inspiración, la necesidad de entregar algo a tiempo, la presión o una simple casualidad han hecho de ciertos libros se hayan escrito con una celeridad que impresiona, más tratándose de obras que han trascendido el tiempo y que hoy son leídas como clásicos indiscutibles.


El Extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr Hyde, de Robert Louise Stevenson

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En diversas cartas y diarios, ya sea del hijastro de Stevenson, Lloyd Osbourne, como de la propia esposa del escritor, es que se cuenta que, metido en una pesadilla que lo llevó a gritar como desaforado, Stevenson se levantara y comenzara a escribir el esbozo de lo que sería  El extraño caso… Su esposa lo leería y le haría algunas anotaciones, peor viendo que el contenido sexual era muy grande para la época, decidió quemar el manuscrito. Stevenson comenzó de cero y en poco tiempo, algunos dicen que ese mismo día, acabó el libro.

 

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Estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle

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Necesitado de dinero y con ganas de hacerse llegar unas pocas libras esterlinas, (27, para ser más exactos), Arthur Conan Doyle escribió en apenas tres semanas la novela corta en la que introduciría al peculiar Sherlock Holmes. Doyle, lector muy enterado de lo que sucedía en el “lejano oeste”, creo una ficción que lo mismo funciona como enigma de  cuarto cerrado, como western y precursor de la novela negra. Pero, por sobre todo es que crea un personaje inmortal, que incluso eclipsaría la vida del autor, obligándolo a vivir atado a él de por vida.

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En el camino, de Jack Kerouac

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Kerouac vivía una vida en la carretera, sin detenerse en ningún lado para hacer un poco pie. Esa vida de café espresso, pantalones de mezclilla sucios, alcohol, viajes espirituales, lecturas y aventones, esa vida de nómada del asfalto, moteles y excesos quedó plasmada en una novela semi biográfica que escribió en un arrebato de inspiración. Como no quería ni detenerse para meter hojas a la máquina de escribir hecho mano de un rollo de teletipo para escribir de un tirón En el camino. Todo el esfuerzo se vio coronado en apenas 21 días.

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La naranja mecánica, de Anthony Burgess

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Dramaturgo, crítico literario y gran fanático de la música clásica, Burguess es diagnosticado con un tumor cerebral que le acabaría la vida. Buscando asegurar la vida de su esposa, escribe en tiempo record, apenas un mes, esta novela, con la cual creía obtendría mucho dinero. En lo cual acertó. Inspirado por la impresión que le causaron las primeras bandas de muchachos teddy boys y las peleas entre ellos que tenían en los 60. “Esos jóvenes parecían amar la violencia en sí misma”, escribe tras presenciar una trifulca. Además, crea una nueva lengua, el NADSAT, que incluye como glosario.

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Mientras agonizo, de William Faulkner

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Sin duda, esta es una de las grandes novelas de la literatura norteamericana. Con 15 narradores, utilizando el flujo de consciencia, Faulkner narra la muerte de Addie Bundren, una humilde granjera de Misisipi, a quien su familia, quiere honrar su deseo de ser enterrada con “su gente” en el pueblo de Jefferson. Si bien esta novela fue escrita en seis semanas, la incluimos porque en aquel tiempo Faulkner ejercía diversos trabajos para poder sostenerse, de bombero a vigilante nocturno, así que el reto fue más que loable.

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